El vagón
El caño que une el piso con el techo del vagón servía de sostén para los cuerpos cansinos que llegaban en cada estación. Ella estaba sóla, el frío tubo se clavaba en su columna. Movía el pie con ansiedad, el viaje era corto pero quería llegar. No le gustaba esperar ni permanecer en suspenso. Tenía que hacer algo siempre. Leer, escribir, observar, moverse. Ella tenía el pelo rojo, desprolijo a propósito y corto, unas mechas caían sobre su frente hacia un costado. Según el movimiento que hiciera, el mechón tapaba su ojo izquierdo. Cada tanto, deslizaba la mano sobre su cabeza para acomodarlo pero se resistía. Una musculosa verde agua marina y un jean negro de cintura alta vestían su cuerpo flaco y fibroso. Grandes argollas plateadas colgaban de sus orejas, un cinturón oscuro con hebilla rectangular y algunas tachas en proporción ideal ajustaban su cintura y una cartera negra en la que apenas cabría la billetera, el celular y las llaves descansaba sobre su antebrazo. Se llamab...